Siguiendo los pasos de Sir. Edmund Hillary

Mount Cook National Park fue uno de mis lugares favoritos en Nueva Zelanda. Cuando manejas por la carretera tienes un vistazo del Mount Cook, la montaña más alta del país con sus 3764 msnm. y al lago Tekapo, el lago más azul que he visto en mi vida. Mientras te vas acercando al parque, la montaña aparece en todo su esplendor y tenerlo así de frente te quita el aliento. Con esa bienvenida, lo único que quieres hacer es aventurarte y descubrir los maravillosos paisajes que tiene este parque para ofrecer.

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Hay varias caminatas por el día en el parque que no son exigentes, como Hooker Valley Track, la más visitada, donde atraviesas dos puentes por el Hooker River hasta llegar hasta el Glaciar Hooker. Está también el Tasman Glacier View Track, que como dice el nombre llegas hasta el Glacier Tasman y lamentablemente ves su deterioro y lo mucho que ha retrocedido por el deshielo, pero igualmente es hermoso.

En esta oportunidad no me fue posible escalar porque no tenía el equipo necesario y aunque no son montañas altas como en Chile, son extremadamente técnicas. Una de las cosas más curiosas de Nueva Zelanda es que siempre hay buenos refugios donde pasar la noche en cualquier trekking que hagas y el Mueller Hut es uno de los refugios más populares de la isla sur. Esta caminata es de las más exigentes del parque así que estaba emocionada por subir hasta el refugio.

Cabe destacar que en Nueva Zelanda antes de empezar cualquier trekking hay que pasar por las oficinas del DOC (Departamento de Conservación), pagar para usar el refugio y anotarse en la oficina en caso de extravío. Obviamente nadie te obliga pero siento que para que los refugios sigan funcionando tan bien como lo hacen, es mejor pagar aunque sean costosos especialmente éste por ser tan popular. Este trekking lo hice fuera de temporada así que esperaba no encontrar mucha gente. El costo es de $45 por noche, pero les aseguro que vale 100% la pena porque no todos los días tienes la oportunidad de dormir en un refugio con la vista a Mt. Cook enfrente.

En este trekking se sube 1000 mts. en menos de 5 kms. así se imaginarán lo empinado del camino. El primer tramo se llama Sealy Tarns Track y allí comienza la subida de escaleras. Como me quedaría en el refugio esa noche, subí con mi mochila grande así que fue tremendo ejercicio para las piernas y el esfuerzo fue recompensado con vistas cada vez mejores del Mount Cook y del glaciar a medida que vas ganando altura. Al subir a finales de Octubre, me fui encontrando con cada vez más nieve hasta que llegó el momento de ponerme las polainas, porque me hundía cada vez más.

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Con la nieve tan profunda el camino desaparece pero una vez que dejas las escaleras y te adentras en la montaña empieza la verdadera caminata y era hora de abrir huella en la nieve. Hay unos postes anaranjados que te van orientando y aunque están enterrados, queda una porción a la vista así que si los sigues es imposible perderse. Con el tiempo he empezado a apreciar caminar en la nieve, de hecho ahora lo prefiero, hay algo terapéutico en enfocar toda tu energía y concentración en avanzar por la nieve y al mirar hacia atrás ves tus huellas y el progreso que has logrado.

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El día estaba perfecto: el cielo azul, poco viento y estos días son raros en Nueva Zelanda así que tuve mucha suerte, ya que al día siguiente el clima cambió drásticamente. Seguí caminando por nieve durante un par de horas hasta que pude ver a la distancia el refugio con su color rojo vivo que permite que se divise rápidamente.

Mueller Hut fue construído inicialmente en el 1914 y fue usado como shelter para las personas que iban a explorar el glaciar Mueller y se mantuvo en pie hasta que el glaciar se empezó a deteriorar. 30 años después fue construído el segundo refugio pero sólo duró 4 meses porque fue arrastrado por una avalancha. En 1953 se construyó la tercera versión y en el 2003, la última, inaugurada por el propio Sir. Edmund Hilary, el primer hombre que escaló la montaña más alta del mundo, el Everest, junto a su compañero Tenzing Norgay.

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Hilary es toda una leyenda en Nueva Zelanda, y de hecho una de las razones por las cuales estaba tan emocionada por hacer este trekking es que detrás del Mueller Hut se asoma una montaña llamada el Mount Ollivier, que con sus 1800 msnm. fue la primera montaña que Hilary escaló en 1939, así que al llegar al refugio dejé mi mochila en la cama y como no quería desperdiciar el clima increíble, fui directamente a escalar esta montaña y solo toma unos 30 minutos ascenderla. Al llegar a la cumbre me encontré con un par de personas con skis que decidieron deslizarse para bajar, la nieve estaba perfecta para eso. Desde la cumbre si ves al norte esta el Mount Sefton, y al noreste el gran Mt. Cook. Decidí quedarme un largo rato en la cumbre saboreando el momento y emocionada pensando que Hilary estuvo parado en el mismo lugar donde estaba yo. Después de un rato arriba el clima ya estaba cambiando y el viento estaba empezando a enfriar así que era hora de bajar. Apliqué el clásico potocross para bajar y me deslicé hasta el refugio… esto me tomó solo unos 2 minutos.

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Al llegar al comedor del refugio y empezar a preparar mi pasta, el sol empezó a caer y empezó a colorear el Mt. Cook de morado y rosado. Sin duda esta ha sido una de las vistas más majestuosas que he tenido la suerte de presenciar y la docena de personas que también estaban cenando, definitivamente sintieron lo mismo. Tenía a unos compañeros rusos a mi lado que tenían la tradición de llevar una petaca con whisky a todos los trekking que hacían desde que una vez al perderse en un camino, casi sufren de hipotermia, y el whisky fue lo que los calentó un poco, así que me ofrecieron un sorbo, y luego empecé a hablar con Martin uno de los chicos que esquiaron desde la cumbre de Olliver, que venía de República Checa y resulta que una de las cosas que traía a NZ de su casa es un licor que su papá prepara llamado Slivovice y que tiene un 40% de grado alcohólico, es dulce, así que es demasiado rico y pero hay que tener cuidado de tomar solo un par de sorbos. Luego de un gran final a un día mágico me fui a la cama y dormí como un tronco.

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A la mañana siguiente me levanté tarde (9:00 am) y todas las personas se habían ido del refugio. Con alivio vi que el clima estaba hermoso todavía así que tomé desayuno con calma y emprendí la retirada. A unos 10 minutos de empezar a caminar el viento empezó a soplar ferozmente de tal manera que tenía que apoyarme con mis bastones para no caerme, así que empecé a caminar rápido hacia  abajo y cada vez que podía utilizaba la técnica del potocross para ahorrar un poco de tiempo. La bajada me tomó la mitad del tiempo que la subida así que pronto estaba caminando hacia el carro para dar término a esta caminata que se convirtió en uno de mis mejores recuerdos de todo el año que pasé en Nueva Zelanda. Mueller Hut fue icónico por muchas razones y sus vistas se quedaran grabadas en mi mente para siempre y de esta manera se que me obligará a regresar y ascender el gran Mount Cook algún día.

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