Aventura y adversidad en los alpes de Nueva Zelanda

Después de trabajar en la isla norte durante 4 meses, para ser honesta mi salud mental estaba en picada por varias razones así que decidí que era hora de cambiar de ambiente y decidí manejar hasta Christchurch en la isla sur, una ciudad de la cual me enamoré. Sabes esas sensaciones cuando llegas a un lugar y te sientes en casa? no me sucede seguido en todos estos años de estar viajando, hasta ahora solo me ha pasado en Puerto Natales hace muchos años atrás. Estas sensaciones son algo inexplicable, es algo que te dice tu intuición y hay que escucharla. Christchurch en particular es una ciudad con todo lo que puedes necesitar, pero no es tan grande así que es tranquila. El Hagley Park es un oasis en medio de la ciudad y iba a trotar allí en las mañanas y por supuesto uno de los mejores gimnasios de boulder en el que he estado, «Uprising» donde pasaba la mayoría de mi tiempo.

Cerca de Christchurch está el famoso Arthur’s Pass que es la cuna del montañismo en Nueva Zelanda y donde están los «alpes» de este país. Durante mi caminata en Nelson Lakes, conocí Paul, un chico que también estaba haciendo este circuito y hablando le comenté que quería hacer expediciones a la montaña me dijo que le avisara y que hiciéramos alguna juntos, así que le tomé la palabra y le pregunté que si había alguna cumbre en Arthur’s Pass que quisiera hacer y decidimos empezar por una montaña que se llama Mt. Cassidy. Manejar de Christchurch hasta Arthur’s Pass toma aproximadamente 2 horas, pero antes de llegar hay una parada obligatoria, Castle Hill, que es el lugar más importante de boulders de todo el país y hasta del mundo. Dato curioso, en este lugar fueron filmadas algunas escenas de la primera película de Narnia y fue una gran decisión porque es un lugar épico donde hay miles de rocas esperando ser escaladas. Paul tenía un libro de las rutas y sus graduaciones entonces empezamos a buscar entre el laberinto de rocas calizas algo fácil para probar. Finalmente llegamos a una roca, que el grado era de los más sencillos de todo el lugar y al observar la roca detenidamente era completamente lisa. No pudimos divisar ninguna protuberancia donde poner ni un dedo. Llegamos a la conclusión de que éramos escaladores extremadamente principiantes o los escaladores que llegaban a este lugar eran maquinas pero por nuestro ego quisimos creer en nuestra segunda hipótesis, en todo caso teníamos que al menos intentar subir y después de muchos intentos fallidos, logramos tomar fotos donde a base de equilibrio pareciera que estuviésemos escalando, pero después del click de la cámara terminamos en el piso. A pesar de nuestra derrota, es un lugar alucinante y nunca había visto algo similar porque las rocas tienen unas formas que sólo pueden ser descritas como extraterrenal. Nos conseguimos a varios escaladores que lograban subir por las rocas lisas doblando sus cuerpos en formas que me parecían insólitas, así que tuvimos evidencia de que si eran posibles ser escaladas y teníamos que entrenar más para poder lograrlo.

Seguimos manejando y llegamos a Arthur’s Pass Village y pasamos la noche en el refugio del club alpino (que es espectacular y cómodo) para empezar a subir temprano en la mañana. Despertamos y después de un café para despabilarnos, subimos todo el equipo al carro y empezamos a manejar hasta el punto de partida, el estacionamento Devil’s Punchbowl Falls. Es curioso que en todas las montañas donde he estado, siempre hay algún sector con el nombre «Diablo», si tienen alguna teoría al respecto háganmelo saber. Mt. Cassidy tiene 1850m, pero es tremendamente imponente. Desde el principio, el camino es empinado y se pasa por un bosque donde aún no llega la nieve pero poco a poco se va superando el bosque hasta llegar encima, donde se ven unas vistas hermosas de Arthur’s Pass y de las montañas aledañas todas nevadas. Nos pusimos los crampones y mientras seguíamos avanzando la nieve se fue poniendo cada vez más profunda así que tuvimos que abrir huella durante gran parte del camino, pero las vistas eran tan hermosas que no pensaba en el dolor y cansancio, sino el lo afortunada que era al estar ahí en ese momento. Después de subir por varias falsas cumbres y pensar que veríamos la verdadera, en una de esas Paul dijo que definitivamente era la siguiente que teníamos en frente de nosotros. Con ese anuncio, la adrenalina se nos disparó y llegamos a la cumbre donde nos tomamos fotos, apreciamos el paisaje y tengo que decir que ese día, quedé flechada con estas montañas. La bajada fue más sencilla y bastante expedita hasta el refugio de nuevo y después de una ducha salimos directamente a Christchurch.

Quedé deseosa de subir más montañas con Paul, pero antes conseguí un trabajo en un pueblito cerca de Oamaru en una granja de vaquitas por dos meses. Tengo que decir que esta experiencia fue una de las más interesantes de mi vida porque nunca pensé que disfrutaría tanto de esta labor. Es un trabajo extremadamente físico, donde aprendí a manejar un tractor, perseguir terneros que al nacer que pesan mínimo 30 kgs y teníamos que enseñarles a tomar leche de un tetero lo cual no es tarea fácil pero una vez que lo hacen, lo aprenden para el resto de sus vidas. Mi jefa Vivian fue una de las mejores jefas que he tenido y junto con su familia fueron de las personas más generosas que conocí en Nueva Zelanda así que fue un placer ir a trabajar todos los días. No puedo dejar de mencionar por supuesto que no todo era color de rosa, porque dos veces a la semana teníamos que empujar a los machos a un camión donde eventualmente terminarían en el matadero, lo cual era desgarrador, pero esa es la realidad de la industria agricultura en Nueva Zelanda y el mundo, pero en todo caso en Nueva Zelanda tiende a ser una industria más humana y al no estar tan industrializada, al menos en esta granja donde trabajé, los animales son tratados con cuidado y cariño y aprendí un montón. Al terminar la temporada de parto de las vacas, me despedí y era hora de otra expedición con Paul y esta vez decidimos una cumbre un poco más exigente, Mt. Rolleston.

Mt Rolleston es sin duda de las montañas más hermosas que he visto y para resumir un poco nuestro primer intento, alquilé unos botas de alta montaña y no me di cuenta que las suelas estaban un poco despegadas así que al empezar a subir a las 4 am en la oscuridad, pisé un pozo de agua y me di cuenta que mis calcetines se habían mojado. Si no hubiese sido invierno no hay problema porque se van secando en el camino, pero en este caso con las temperaturas tan bajas, es posible que los pies se me congelaran y podría ser letal así que después de estudiar la situación decidimos bajar y abandonar la misión, lo cual fue una decepción, pero después de reemplazar las botas unos días después volvimos a intentarlo. Así que en este segundo intento estábamos listos. Volvimos a subir de nuevo por una ruta llama «Rome Ridge«. Todo el recorrido por el bosque fue de noche y al llegar al claro, empezó a amanecer y fue mágico. Durante un corto trayecto pudimos descansar un poco las piernas ya que era bastante plano, pero rápidamente empezamos a escalar de nuevo hasta llegar hasta la cresta de la montaña, que es tan estrecho que un paso en falso quiere decir varios metros de caída por la montaña. Por precaución Paul sacó la cuerda y al encordamos empezamos a recorrer la cresta con cuidado pero admirando las vistas majestuosas que nos ofrecía la montaña. El sol rápidamente empezó a calentarnos y al llegar a un punto llamado «Low Peak«, Paul dijo que no parecía seguro ya que la nieve estaba derritiéndose rápidamente así que decidimos cruzar en perpendicular para bajar la montaña y como aún nos quedaban horas en el día decidimos intentar subir el Avalanche Peak, uno de los más visitados de este lugar.

Empezamos a bajar por la nieve hasta llegar al frente de la otra ruta y empezamos a visualizar por donde subir y conseguimos una línea super clara para llegar a la cumbre así que empezamos a ascender y desde el principio nos conseguimos con varios obstáculos, como tener que escalar rocas y tierra suelta que hizo todo el proceso lento. Mientras más íbamos subiendo, nos dimos cuenta que la ruta se veía bastante diferente a como lo habíamos visto desde abajo hasta que llegamos a un punto que consideramos demasiado peligroso para cruzar sin cuerda y arnés, ya que tendríamos que bordear una roca colgante y no podíamos dar ni un paso en falso y además ya faltaba poco para la hora del atardecer así que tomamos la difícil decisión de abandonar y conseguir un refugio que Paul vio en su GPS y pasar la noche ahí. El refugio no estaba muy lejos, pero ya estábamos cansados física y psicológicamente así que no veía la hora de llegar. Después de caminar unos 45 minutos llegamos al majestuoso refugio y que alivio que no tendríamos que pasar la noche a la intemperie! el único detalle es que no llevamos saco de dormir así que tendríamos que acomodarnos como pudiésemos. Qué suerte que Paul sabía hacer fuego y al menos no nos daría hipotermia en la noche, comimos lo que nos sobro del día y a pesar de estar incómoda me quedé dormida.

A la mañana siguiente vimos el mapa a ver cuántos kilómetros nos quedaban y eran unos 7 km hasta la carretera y tendríamos que rogar para que pasara un auto y nos recogiera. El clima estaba gris y con neblina lo que le daba una cara completamente diferente a todo el paisaje. Las piernas me pesaban y cada paso era un gran esfuerzo y lo único que me hacía seguir caminando era soñar con la pizza que nos esperaba en el refugio. Con eso en mi cabeza, caminamos y caminamos hasta que por fin divisamos la autopista y en un golpe de suerte unos 20 minutos después de esperar llegó una van con unos montañistas que nos hicieron el tremendo favor de recogernos! Llegamos al refugio y no hay mejor sensación que llegar y relajarse y comer la deseada pizza que sabía gloriosa. Y así terminó la última travesía que hice con Paul y me trae mucha nostalgia recordar estas aventuras en Arthur’s Pass. Son estas experiencias cuando las cosas que no salen como planeas que te enseñan quien eres y terminas apegándote a tu cordada de una manera muy especial.

Luego de Arthur’s Pass, me quedaba un mes en Nueva Zelanda, un país que me acogió y me regalo muchas cosas bonitas. Terminé mi estadía trabajando en un hostal llamado Jailhouse Accommodation, donde conocí a personas increíbles y donde me despedí de este país. Este es mi último relato de Nueva Zelanda pero aún no cierro el capítulo, porque mi corazón me dice que volveré y seguiré contando muchas más historias de aventuras y seguramente de adversidades, pero siempre con un final feliz.

2 comentarios sobre “Aventura y adversidad en los alpes de Nueva Zelanda

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